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| Pedro Lemebel |
En un texto reciente referido a las bienales, y que busca delimitar las “condiciones” necesarias para organizar exposiciones; el curador colombiano José Roca sostenía que estas deben renunciar a la pretensión de ser una biblioteca o un archivo.
Los archivos, en el contexto expositivo, apunta: “o se vuelven pura imagen, o se vuelven pura retórica curatorial.” Y por último, “si quiero leer me voy a la biblioteca, en donde puedo informarme en profundidad, y además no tengo que hacerlo parado”.
Perder la Forma Humana, exposición que presenta el Museo de Arte de Lima (MALI), es una muestra que corre el riesgo de sufrir estas “debilidades”, si acaso la juzgamos desde un punto descontextualizado.
La muestra reúne un amplio conjunto de documentos visuales, escritos y sonoros que recorren las distintas prácticas que se realizaron en América Latina durante los años ochenta, inaugurando una forma particular de vincular arte y política. La sala agrupa fotografías de gran tamaño, que abordan la identidad, la sexualidad o lo político, desde una dimensión poética no exenta de ironía y dramatismo.
Prueba de ello son los trabajos del chileno Pedro Lemebel o el brasileño Luiz Fernando Borges da Fonseca, que dialogan con las composiciones del peruano Herbert Rodríguez o las del Taller NN, presentando una estetización de la política, a través de fotos, collages y serigrafías, que ponen frente al espectador la tensión de una realidad, que uno termina por concluir fue un drama común a los países de este continente.
Pero el registro formal de los artistas “de profesión”, interactúa con otros documentos que nos revelan una historia paralela y oculta para la mayoría. Fanzines, videos de conciertos y momentos inéditos, textos elaborados en la clandestinidad latinoamericana, cuentan la otra narrativa, la de la marginalidad que apareció como una forma de resistencia frente a las dictaduras, la opresión o el poder hegemónico; y que se sirvió del espacio público o los medios contraculturales, para denunciar las excesivas formas de control.
Retomando la crítica de Roca, ¿qué hace, entonces, de este conjunto una exposición como tal y no un espacio más de confusa aglomeración? Una sociedad que sitúa al conocimiento como uno de sus derechos fundamentales, procura establecer instituciones que aseguren el acceso a este. Tal vez, la doble intención de los curadores y del MALI sea la de servir como espacio de educación de la mirada y la reflexión; ofrecer ciertos tipos de imágenes pero también cierto tipo de discursos, en gran medida, olvidados; buscando saldar los vacíos originados por la ausencia de espacios de lectura y discusión.
Así, en lugar de ver una debilidad, una forma interesante de ingresar a esta exposición, es considerando que imágenes y textos se complementan, y hasta se confunden a nivel de estrategia artística, jugando con la idea de que incluso aquellas construcciones del poder, como estado, mercado, control; se crean sobre ficciones o discursos. Se convierten también, de alguna manera, en prácticas estéticas. Más aun. Hace algunos días un grupo de personas intentó censurar otra exposición que comparte los ambientes del museo, por ser “demasiado obscena”. En el lugar opuesto, Perder la Forma Humana nos recuerda que el arte, en momentos dramáticos, nos puede conducir a formas renovadas de ver y de dialogar. La muestra va hasta el 23 de febrero en el MALI.
Publicado en Revista Velaverde. Edición 45.

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