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| De la serie Área(2000-2012). Luz María Bedoya. |
En 1998, la desaparecida crítica de arte Virginia
Pérez Ratton, destacaba la obra de la fotógrafa y lingüista Luz María Bedoya, como
una las mejores propuestas artísticas que la Bienal de Arte de Lima había
presentado un año antes. Con ánimo optimista afirmaba: “el mejor aporte peruano
se encuentra actualmente en el medio fotográfico”. A los elogios se sumaron
investigadores y estudiosos como Aracy Amaral, Raquel Tibol y Kurt Hollander.
La razón de la celebración: una propuesta novedosa titulada Punto Ciego, donde a través de una serie de imágenes de la costa peruana, abordaba y examinaba, no sin cierto hermetismo, temas como la distancia, la mirada, el ocultamiento, la ambigüedad o los límites de la comunicación.
Han pasado más de 15 años y el
Instituto Peruano Norteamericano presenta ahora, en el contexto de la Segunda
Bienal de Fotografía, una muestra
antológica, que revisa desde sus primeros trabajos en 1994 hasta sus más
recientes producciones del 2013.
Recorrer dichos trabajos
significa apreciar el campo de experimentación que se ha construido como un laboratorio en el que los elementos
tienden a cruzarse inevitablemente. Por
ejemplo, los cruces entre la representación fotográfica y la significación, el desierto y la ciudad, la saturación y la
elipsis, sin que estos elementos evidencien necesariamente su polaridad. Por el
contrario, los espacios que construye la
artista sirven para revelar la
indeterminación de dichos elementos y sus posibles conexiones.
Así, al observar las distintas
series de la galería, hay al menos dos cosas
importantes que deberíamos privilegiar: por un lado, el tratamiento que hace de
la repetición, el discurso y lo técnico-formal, que desde nuestro punto de
vista es lo que la diferencia de la frivolidad que se le asigna al arte
contemporáneo; y por otro lado, su relación con lo multidisciplinario, que le ha
otorgado la posibilidad de ingresar en ese espacio denominado lo
postfotográfico.
De lo primero habría que decir
que la artista rechaza precisamente todo tipo de discurso estable y estático.
Sin descuidar el ejercicio técnico como se muestra por ejemplo en Área (2002-2012),
y rehusando cualquier repetición facilista, su trabajo está en la línea de eso que el
poeta Montalbetti califica como lo no domesticable, hacer estallar todo tipo de
discurso unívoco, la búsqueda de la re-significación. De ahí que un espectador
conservador se altere frente a la obra: la desestabilización y el
cuestionamiento de nuestras propias formas de ver, implican un alto costo.
En relación a lo segundo, basta recordar
que Luz María Bedoya es probablemente una de las artistas que con mayor vigor
ha incidido en el trabajo multidisciplinario como una forma de revitalizar el
medio fotográfico y la expresión artística a través de múltiples estrategias:
de la inclusión del componente lingüístico, de la manipulación de lo fonético para
aludir, entre otras cosas, a problemas sociales vigentes, de la utilización del
video como registro de referencias arbitrarias, o de la yuxtaposición de diversos materiales, solo por nombrar
algunas.
Así la Bienal cumple con poner a
disposición la producción de una de las artistas más destacadas del país, permitiendo además
examinar el desarrollo de la fotografía en el primer decenio de este siglo. La
muestra va desde el 16 de Abril hasta el 1 de Junio en el Icpna de Miraflores.
*Línea extraída de la pieza Muelle - 2012
Publicado en Revista Velaverde. Edición 61.

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