jueves, 24 de abril de 2014

SI NO VES LA CONVULSIÓN EN LA IMAGEN, AL MENOS VERÁS LO NEGRO*

De la serie Área(2000-2012). Luz María Bedoya.
 
En  1998, la desaparecida crítica de arte Virginia Pérez Ratton, destacaba la obra de la fotógrafa y lingüista Luz María Bedoya, como una las mejores propuestas artísticas que la Bienal de Arte de Lima había presentado un año antes. Con ánimo optimista afirmaba: “el mejor aporte peruano se encuentra actualmente en el medio fotográfico”. A los elogios se sumaron investigadores y estudiosos como Aracy Amaral, Raquel Tibol y Kurt Hollander.

La razón de la celebración: una propuesta novedosa titulada Punto Ciego, donde a través de una serie de imágenes de la costa peruana, abordaba y examinaba, no sin cierto hermetismo, temas como la distancia, la mirada, el ocultamiento, la ambigüedad o  los límites de la comunicación.
Han pasado más de 15 años y el Instituto Peruano Norteamericano  presenta ahora, en el contexto de la Segunda Bienal de Fotografía,  una muestra antológica, que revisa desde sus primeros trabajos en 1994 hasta sus más recientes producciones del 2013. 
Recorrer dichos trabajos significa apreciar el campo de experimentación que se ha construido  como un laboratorio en el que los elementos tienden a cruzarse inevitablemente.  Por ejemplo, los cruces entre la representación fotográfica y la significación,  el desierto y la ciudad, la saturación y la elipsis,  sin que estos elementos  evidencien necesariamente su polaridad. Por el contrario,  los espacios que construye la artista sirven para revelar  la indeterminación de dichos elementos y sus posibles conexiones.
Así, al observar las distintas series de la galería,  hay al menos dos cosas importantes que deberíamos privilegiar: por un lado, el tratamiento que hace de la repetición, el discurso y lo técnico-formal, que desde nuestro punto de vista es lo que la diferencia de la frivolidad que se le asigna al arte contemporáneo; y por otro lado, su relación con lo multidisciplinario, que le ha otorgado la posibilidad de ingresar en ese espacio denominado lo postfotográfico.
De lo primero habría que decir que la artista rechaza precisamente todo tipo de discurso estable y estático. Sin descuidar el ejercicio técnico como se muestra por ejemplo en Área (2002-2012), y rehusando cualquier repetición facilista,  su trabajo está en la línea de eso que el poeta Montalbetti califica como lo no domesticable, hacer estallar todo tipo de discurso unívoco, la búsqueda de la re-significación. De ahí que un espectador conservador se altere frente a la obra: la desestabilización y el cuestionamiento de nuestras propias formas de ver, implican un alto costo.
En relación a lo segundo, basta recordar que Luz María Bedoya es probablemente una de las artistas que con mayor vigor ha incidido en el trabajo multidisciplinario como una forma de revitalizar el medio fotográfico y la expresión artística­ a través de múltiples estrategias: de la inclusión del componente lingüístico, de la manipulación de lo fonético para aludir, entre otras cosas, a problemas sociales vigentes, de la utilización del video como registro de referencias arbitrarias, o de la yuxtaposición  de diversos materiales, solo por nombrar algunas.   
Así la Bienal cumple con poner a disposición la producción de una de las artistas  más destacadas del país, permitiendo además examinar el desarrollo de la fotografía en el primer decenio de este siglo. La muestra va desde el 16 de Abril hasta el 1 de Junio en el Icpna de Miraflores.
*Línea extraída de la pieza Muelle - 2012
Publicado en Revista Velaverde. Edición 61.

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